Las obras en el muelle de Cádiz han sacado a la luz dos pecios, tres lingotes de plata, monedas y un peto

No suponen la millonada del tesoro hallado en la fragata 'La Mercedes', ni posiblemente tenga una historia tan novelesca como la que encierra el barco expoliado por Odyssey, pero la expectación suscitada por la devolución al Estado de sus toneladas de monedas ha propiciado que el muelle de Cádiz centre ahora todas las miradas de autoridades y ciudadanos. Allí, en la obra del nuevo contenedor, se han hallado restos de dos pecios diferentes que podrían pertenecer a una época mucho más lejana que la del barco de Estado que capitaneaba Diego de Alvear y Ponce de León. En estas aguas, atrapados en metros de fango, descansa -al menos así se ha constatado- el armazón de madera de un buque. Se cree, aunque aún es una hipótesis, que éste tuviera una eslora de 25 metros. Este es solo uno de los detalles explicados ayer en rueda de prensa por el presidente de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz, Rafael Barra; la delegada provincial de Cultura, Yolanda Peinado, y la directora del Centro de Arqueología Subacuática (CAS), Carmen García Rivera.
Por ahora, el yacimiento del muelle gaditano ha sacado a la luz, además de los pecios, tres lingotes de plata, dos monedas, dos planchas de cobre, troncos de madera de guayacán y un peto de hierro. Precisamente, la aparición de este último objeto, que podría ser de los siglos XVI o XVII, ha delimitado otra zona de prospección arqueológica, la tercera. Ésta es la cronología del hallazgo. La de un tesoro a la gaditana:
A finales de enero, en las obras del contenedor del muelle de Cádiz -iniciadas el 3 de enero- se descubre un lingote de plata. Poco después, la draga saca otras dos piezas, de mayor tamaño pero de similares características. Ahora ya se sabe que estos lingotes tienen un peso de 12, 22 y 26 kg y que son en un 99,2% plata. Asimismo, en esta tacada se extrajeron dos monedas macuquinas -una de ellas está concreccionada lo que dificulta su análisis-, esto es, acuñadas a golpe de cincel. Por su peso -20 gramos- se piensa que tienen un valor de 8 reales. Este pecio, «histórico», se encuentra en lo que han llamado la Zona 1.
La obra se paró y la Autoridad Portuaria y Cultura acotaron el área para llevar a cabo trabajos de seguimiento arqueológico. Un par de semanas más tarde, y de nuevo gracias a la draga, se descubrió el armazón de un buque. Sus alrededores han sido nombrados como Zona 2. La tercera, que no había salido a la luz pública hasta ayer, se circunscribe al entorno en el que fue hallado otro interesante elemento: un peto de hierro que, según los tiempos en que se utilizaba esta defensa, estaría datado entre los siglos XVII y XVIII. Estos es, las mismas centurias de las que se creen pueden ser los barcos, los lingotes y las monedas. En cualquier caso, se desconoce si la armadura es un elemento aislado en la zona en la que fue encontrado o si está asociado a un pecio en concreto. Esta es, pues, la zona menos interesante desde el punto de vista arqueológico. De momento.
Existe otra gran duda, ¿de dónde venían esos barcos antes de que naufragaran -eso también es una hipótesis- a escasos metros de tierra firme? La primera aproximación es que habrían salido de México, ya que la madera encontrada es de un árbol americano y, sobre todo, porque las dos planchas de cobre, de 7,5 kg cada una, servirían para hacer monedas como las encontradas en el yacimiento. Se trata de piezas acuñadas en la CECA de México, la primera Casa de la Moneda de América y fundada en el siglo XVI.
Para resolver todas estas preguntas y seguir hurgando en el pasado que ahora revela el mar, el CAS está haciendo un seguimiento a bordo de draga las «24 horas al día» en las zonas delimitadas. De hecho, la última inmersión de los buzos se hizo este mismo sábado. Con todo, y según señaló Carmen García Rivera, los trabajos se van a centrar ahora en realizar inmersiones en los dos pecios -Zonas 1 y 2- para tener un conocimiento «exhaustivo» de lo que hay bajo el agua y diseñar una estrategia de trabajo de cara a una segunda fase. Por su parte, Rafael Barra destacó la voluntad de hacer compatible estas tareas con la obra del muelle, para que esta se pueda realizar «lo más rápido posible» y conforme a la Ley de Patrimonio.

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