La tierra sigue temblando en El Hierro, pero los herreños ya casi ni lo sienten. Se han acostumbrado, pero también es cierto que la situación actual nada tiene que ver con aquella de los meses de septiembre y octubre en la que el número de temblores superaba el medio centenar diario. También hace más de dos semanas que no ven señales que indique que el volcán de La Restinga continúa activo. Atrás quedan casi cinco meses de erupción en la que no sólo se han visto perjudicados los habitantes del pequeño pueblo marinero, sino toda la isla. En La Restinga, la actividad económica, centrada en la pesca, el turismo de buceo y la restauración se paró el 10 de octubre, cuando el volcán entró en erupción. Meses antes, en Frontera, ya se estaban notando los efectos de un proceso volcánico que los científicos no se atreven aún hoy a dar por concluido. Por en medio, pérdidas millonarias, miedo e incertidumbre ante el futuro. Y, para colmo, se lamentan ya muchos en El Hierro, el volcán no ha llegado a la superficie. Se ha quedado a 88 metros, una distancia a la que sólo van a poder llegar los más expertos buceadores. En ocho meses la naturaleza ha brindado un fenómeno inédito para Canarias, pero la economía de la isla se ha hundido mientras sus instituciones luchan por vender en el exterior una imagen de normalidad que no se acaba de ver y a la que apenas contribuyó la visita de los Príncipes de Asturias. El fin de la erupción marca hoy el inicio de la recuperación.

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