Es el segundo artefacto que arriba a la Isla tras recorrer más de 5.300 kilómetros y derivar durante más de tres años
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Un nuevo artefacto diseñado en la Universidad de Cornell (Ithaka, Estado de Nueva Cork, EEUU) para estudiar la bioacústica marina ha sido devuelta por el mar en las costas de Cofete, en Fuerteventura. En realidad varó en la playa hace aproximadamente cuatro meses.
Poco después, un vecino encontró el dispositivo y comunicó el hallazgo a las oficinas de Medio Ambiente de Cabildo, que espera que esta misma semana llege a la Isla del contenedor de seguridad especial en el que viajará la boya de vuelta a Estados Unidos.

Se trata de la segunda vez que llega a Fuerteventura una boya de investigación de este tipo, desde que este proyecto en cuestión liberara cientos de estos dispositivos en la bahía de Massachussets, en enero de 2008. La primera boya apareció también en Cofete en el verano de 2010.

La consejera de Medio Ambiente del Cabildo, Natalia Évora, destaca el interés que tiene para Fuerteventura colaborar con este estudio centrado en investigar "cómo la contaminación acústica submarina puede afectar a las distintas especies, especialmente en lo que respecta a los mamíferos marinos". "En las aguas de esta Isla existen poblaciones residentes de cetáceos, así como muchas otras que se acercan constantemente aquí durante sus rutas migratorias, y por lo tanto puede ser muy útil conocer en qué medida la actividad humana puede perturbar la biodiversidad marina", explica.

Para llegar a Fuerteventura desde la bahía de Massachussets las dos boyas de investigación recuperadas han debido recorrer al menos 5.300 kilómetros, aunque es probable que esta distancia haya sido mayor y que los artilugios hayan derivado durante meses bajo el empuje de las corrientes marinas.

Cabe destacar la colaboración que mantiene el Cabildo de Fuerteventura y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria para resolver este tipo de interacciones con otros centros de investigación, en este caso a través del catedrático de Histología y Patología Animal del Departamento de Biología, Antonio Fernández. La información recogida en los aparatos de medición que incorpora cada boya será de gran valor para la comunidad científica internacional a la hora de valorar la influencia del ser humano en el entorno vital de los cetáceos.

El artefacto en cuestión es un dispositivo científico de última tecnología de unos 46 kilogramos de peso. Sus equipamientos incluyen una potente batería de hidrógeno, varios discos duros de alta capacidad, diferentes aparatos de medición y un armazón esférico sellado al vacío para evitar el contacto con el agua de mar. Todo el artilugio venía dentro de una carcasa de plástico de alta resistencia, en el que se detallaba la información necesaria para contactar con los responsables del proyecto.

La densidad calibrada de la boya permite su desplazamiento a media agua a través de las corrientes marinas. Se presupone que la Corriente del Golfo ha sido la que ha impulsado el artefacto, desde que fuera arrojada al mar en Massachussets en enero de 2008. Tras recorrer una distancia de al menos 5.300 kilómetros, esta unidad submarina ha registrado una gran cantidad de datos bioacústicos a través de la medición de los ultrasonidos submarinos que permitirán conocer de qué manera los ruidos antropogénicos afectan a las poblaciones de cetáceos, eplica Évora.

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